naúfragos noctámbulos

Sunday, June 25, 2006


En un estado de caos perpetuo en el que mezclo mis sentimientos de amor, odio, ira y frustración, tiendo a ser un ser abominable irreconocible hasta por mis amados próximos. Enfermedad o psicopatía acusada... Me doy miedo.
Bien cierto es que hasta un domingo puede ser reconfortante, sobre todo cuando la paloma mensajera de turno te trae buenas nuevas de allende los mares, o en este caso de unas cuantas leguas de tierra. Abatido, circunspecto y meditabundo. Así me encontraba esta mañana pero la noche con su brisa sureña me he traído nuevos bríos con los que conseguiré ganar la batalla a mis miedos internos que me atenazan sin una razón aparente.
Disfruto de un momento mágico, uno de esos que aparecen muy de cuando en cuando, especialmente cunado menos te lo esperas. Aquí sentado junto al ordenador, escuchando a Paul Motian, siento el aire fresco apoderarse de mi rostro dotando a mis ideas de una frescura inusual en esta época del año. la noche es clara estando la luna vigilante de todos mis movimientos y a ratos, sólo a ratos, sueño que no estoy aquí, que continúo en New York, sentado sobre el alfeizar de la ventana escuchando a lo lejos la algarabía de barrio que sube por las cañerías con aire a pueblos andaluces, mientras mi emisora favorita me torpedea el cerebro a ritmo de Stan Getz tratando de asimilar la penúltima lectura de Bukowsky que aunque frecuente la otra Costa, me resulta vagamente familiar. Un ligero edor a basuras recalentadas por los gases de los coches, perturba mi quietud pero no hasta el punto de despertarme de este sueño maravilloso. Me levanto a apagar el televisor mientras observo de reojo mierciente adquisición de uan escultura boliviana representando la diosa de la fertilidad trayendo a mi memoria la sonrisa cautivadora de mi Oliver añorado. Vuelvo a la ventana encantada, la ventana de los mil y un viajes, la ventana de la esperanza que siempre que rezuma luna, se vuelve mi refugio favorito.
Es al ir a apagar el televisor cuando me doy cuenta que no está. "Carajo. Lo vendí hace una semana para comprar la jodida escultura..." Los mercadillos que pueblan los solares vacíos de la zona Norte de Broadway son terriblemente tentadores para descerebrados economistas como yo. El palacio de los objetos imposibles. El paraíso de cachibaches inservibles. El monte Olimpo de las inmundicias que nadie quiere pero que siempre encontrarán un hueco en hogares ansiosos de vida como el mío. Porque esos objetos no son más que mudos testigos de historias cotidianas que nadie se atreve a contar por miedo a pasar desapercividas cuando es percisamente ahí donde encontramos la sal de la vida, el aliño de nuestra anodina existencia.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home