
A veces me pregunto si tanta cocaína distorsiona mi realidad y lo que me parece un mundo putrefacto y nauseabundo es realmente el Nirvana sólo que yo no llevo las lentes adecuadas.
Persiguiendo gatos paso la noche sin centrarme en nada más que en no hacer nada. Luz tibia de baño de luna, bajo una intensa lluvia de estrellas. No puede ser más que una ilusión y sólo un sucio polvo anónimo logra devolverme al hastío. Agua, por Dios. Tengo sed. Y ganas de vomitar. Amanece y sigo estando solo mientras tú andarás buscando tus malditos 50 euros con los que demostrarte lo mujerona que eres...
Temblando me levanto y al darme cuenta de que ya ha amanecido, lloro desconsoladamente mientras tú te reirás en la cama de cualquiera aprovechando la ocasión que te surja para olvidarme y cuando te des cuenta que no puedes, también llorarás. Llorarás amargamente y maldecirás el día que me conociste para luego salir corriendo con las bragas abandonadas a la perversidad de tu chulo de turno, de tu hombre de papel, de tu cuartelillo. Llamarás al timbre desesperada para luego salir corriendo asustada con el rimel dibujando el miedo en tu rostro ajado de tanta juventud perdida.
Adiós, mi amor. Te llevaste la papelina y mi última brizna de orgullo, la que me mantenía en pie aunque siempre anduve tumbado por los rincones asustado de tanta luz. Tanta que me cegaba y por eso te marchaste, pendeja.
Salgo a correr a la calle, aprovechando ahora que llueve y no sé si te busco o huyo de ti.

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