
Albergo sueños escondidos donde navego en un pequeño balandro guiado por las luces taciturnas de la costa andaluza sin más compañía que la radio,mi perra Lua y el chapoteo de las olas contra el casco de la nave. En las noches claras atravieso el mar estrellado buscando entre tantas lágrimas de plata la cara de mi niño y es justo en ese momento cuando el bravo mar se torna en una balsa de aceite y puedo salir a cubierta a contemplarle en todo su esplendor, allá en lo más alto del horizonte, junto a la Osa Mayor... Ya sólo por esta escena mereció la pena vivir. Viste con qué poco me conformo, mi vida. Tan solo una mirada, una sonrisa franca y el roce de tu mano gordezuela que me eriza el cabello mientras un escalofrío me devuelve a la oscuridad que me devora buscándote ahora entre las profundidades azabaches que me rodean. ¡Qué frágiles que somos creyéndonos todopoderosos! Ya ves, cualquier gesto tuyo me da y me quita la vida, y eso que por más que busco no te encuentro...

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