

Al final acabamos siendo prisioneros de nuestros recuerdos y por mucho que los saquemos a flote con cierta frecuencia nunca escapan de nuestra existencia. Lo que somos, lo que sentimos, lo que anhelamos, lo que sufrimos, lo que esperamos y lo que nunca vendrá, todo lo mediatizan nuestros recuerdos que poco a poco van conformando nuestra esencia y acabamos siendo lo que ellos nos dictan. Autodidactas de nuestras experiencias vitales, perdemos tanto tiempo en buscar lo desconocido que esta ansia nos impide palpar la verdadera realidad y aunque recurrir a ellos sea reconocer que envejecemos, ¡qué carajo! esto es la esencia de la vida...
Una canción de madrugada, nuestra serie favorita de juventud, las líneas de una carta olvidada, una caricia en la mejilla, la fragancia del algodón de azucar, la lluvia golpeando en el rostro, un barco que se aleja o la imagen de una montaña en invierno... Esencia de la vida pasada fotograma a fotograma, degustándola a sorbos cortos esperando mañana seguir llenando la mochila que nos haga el viaje más llevadero.
Esta noche estuviste paseando por mi memoria y estabas radiante, hermosa pero serena, tal cual te recordaba, tal cual te sigo esperando cada noche.

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