naúfragos noctámbulos

Monday, March 26, 2007


Alfonso acudió al funeral con la extraña sensación de que todo aquello era muy familiar. Agarrado del brazo de Félix debido a una bronquitis mal curada que le había dejado una fatiga endémica, accedió al fondo de la iglesia con la máxima discreción que le dejaba una vida social tan intensa como confusa debiendo saludar no sin desgana a rostros conocidos que se le acercaban susurrantes cerciorando que todos ellos iniciaban un camino de no retorno con una mezcla de resignación y lucha por agarrarse a lo que en su momento tuvo sentido y hoy son ridículos recuerdos del pasado. Sentose con fingida dificultad para observar desde tan privilegiada atalaya el tétrico espectáculo brindado por los asistentes. No faltaba nadie. Carlos Alfaro, compañero de facultad y de fatigas nocturnas abandonado a la suerte de una existencia burguesa por mor de las malas compañías que de jóvenes tanto detestábamos. Fernando, desconocido tras su parapeto de arrugas y sombras con el buitre del cáncer merodeando desde lo alto de la cúpula gótica. Sonia y su marido cuyo nombre no recordaba o no quería recordar pues el muy pérfido le arrebató largas noches retozando entre líneas de Samuel Becket y notas de Coltrane. Sonia querida y caliente. Sonia hermosa, tozuda y rebelde. Si ahora te vieras con tu estola de visón y esa amargura en los ojos, volverías de un salto a la cama a follar y a amar sin más cuéstiones de por medio. Damián, solterón impenitente, discípulo de Dorian Gray (incluso amante taciturno). Hoy saldrías de no sé dónde para contar secretos de alcoba que harían sonrojar a muchos adolescentes precoces. Has seguido nadando en efluvios celestiales para mantenerte tan joven, canalla, o quizás sería cierto lo que se decía por los pasillos de los Juzgados: sedujiste al mismísimo diablo y bien que te ha recompensado. Hermoso, terso y joven, tal como se lo juraste a Jacinto en su lecho de muerte. El pobre Jacinto. El no esperó tanto como nosotros. Creo que murió de vergüenza. Se marchitó porque era de natural lacónico. Silvia, Javier, Tasio. No hace nada llenábamos el tiempo con sueños de mentira y hoy nos despojamos de la máscara de entonces para mostrarnos tal cual somos, tal cual éramos por aquel entonces aunque no nos reconociéramos.
Y mientras un cura anónimo de voz anodina parlotea sobre el bien y el mal, nadie le escucha. Están sorbiendo la vida pasada en tragos largos, paladeando vestigios de antiguos esplendores que dieron forma a ese amasijo de alegrías, ambiciones, celos, arrebatos, nostalgias, deseos y pasiones. Vida. Viene y va a su antojo dejando sinsabores y triunfos para un día, mientras cruzas por última vez la mirada con un ser querido te das cuenta de qué bueno que viniste, qué lindo conocerte, compartirte, desgastarte y sentirte. Que te vaya bonito, viejo. Me ha costado pero al fin lo sé: te quiero

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