38 formas de ver la vida; 38 canciones que me emocionan; 38 besos robados; 38 noches en vela; 38 maneras de intentar quererte y no dar con ninguna; 38 sillas donde sentarte a coger resuello; 38 veces pidiéndote que te rindas; 38 abrazos; 38 lágrimas; 38 llamadas no contestadas; 38 veces juré que no lo haría; 38 mazurcas de Chopin para leer 38 poemas de Neruda; 38 días sintiéndote tan cerca... y 38 años sin verte.
Apolillado y encogido me hallaste en la esquina de Escolanía con Pez y bañada en lágrimas y vergüenza ajena me llevaste a casa, esa casa que un día fue nuestra. Venciendo el peso de la vida disipada y un agrio aliento encallecido en las tabernas de Santiago, mostrabas entereza al no mirar la cara de quien censuraba tu actitud samaritana que rechazaban atizar los rescoldos apagados a base de hielos flotando en whisky y era la lástima rabiosa que sentías la que tiraba de mí tanto que me dolía y subías las escaleras de dos en dos mientras las lágrimas rabiosas seguían sacando una fuerza desconocida para ti, una ira incontrolada que emanaba de tu espíritu menudo pero caliente.
¿Ves como era bueno que no me hubieras devuelto la llave? El camino por el pasillo hasta la alcoba fue largo y tortuoso. Lejos de las miradas inquisidoras de miles de almas ciegas que la presión del pasado minaba tus gastadas fuerzas y ya a escasos metros de la puerta del dormitorio te derrumbaste presa de un ataque de nostalgia tanguera. Cuántos remolinos de lujuria habían sacudido los cimientos de la casa. Rugías, arañabas, mordías arrastrando la espalda desnuda contra el estuco traicionero mientras mis embestidas apoyadas en la fuerza descontrolada del alcohol te magullaban las costillas y cegaban tu consciencia. Tantos giros desesperados por el pasillo camino de una cama testigo mudo de batallas épicas engalanadas con besos y poemas, caricias y miradas sin tiempo ni razón. Río de flujos desbordados dirigidos a una muerte segura pero placentera.
Allí te derrumbaste y mi cuerpo sedado cayó de bruces haciendo apenas ruido, acostumbrado como estaba a rodar dando tumbos por la vida. Llorabas de rabia e impotencia pues cuando más cerca me tenías, cuando pensabas que la batalla estaba ganada y no había mal trago en el mundo que hubiera separado un amor rocoso cincelado a fuerza de orgullo y escasos prejuicios, te dejé tirada en la estacada, renegando de tu lucha enconada contra mi destino .
Arrodillada en mi pasillo que un día fue nuestro pasillo con el rostro escondido en tus pequeñas manos acunada por sollozos intermitentes fuiste recuperando fuerzas y entereza, la justa para tirar de nuevo de mí y postrarme en nuestra cama, esa que nunca dejó de ser nuestra, esa que ya ni tan siquiera es mía.
Deslizándote por las sombras tristes que reinaban en mi casa fuiste recordando uno a uno los momentos que fueron forjando una historia que de principio sabíamos que era mentira pero era nuestra mentira en la que vivíamos cómodos y ajenos a toda realidad. Tragos de felicidad alterada por arrebatos violentos de pasión que suplicaban un amor negado seguramente desde la infancia. Un amor demandado y nunca recibido hasta que dimos el uno con el otro y de pura lástima nos entregamos a los brazos de la desesperación.
Sentada en mi sillón con el cojín negro apoyado en tu regazo piensas en tu actual pareja y sientes miedo. Miedo por que descubra la pasión secreta que te mantiene viva con una llama débil aunque sea él quien maneja los hilos de tu existencia, aunque sea a él a quien le debas la vida porque te quiere a pesar mío y a pesar tuyo y sin ese amor desinteresado ya nos habríamos topado de nuevo en cualquier esquina y con los ojos rojos de ira, cansancio y ginebra a palo seco, nos miraríamos embelesados con el gesto retorcido y el corazón herido de muerte.
Mientras te levantas despacio observas que la casa se encuentra igual que cuando la abandonaste. Con más mierda, eso sí. Con la misma mierda que nunca quisiste ver cuando vivías aquí y con toda la mierda que ha ido acumulando el olvido y tu cobardía porque si algo tenemos claro tú y yo es que me dejaste porque en el fondo eras cobarde y débil, porque tenías miedo cada vez que abrías la puerta temiendo que yo hubiera desaparecido y tener que pasar por el trago de buscarme y devolverme en silencio a nuestra mentira, de donde nunca debimos salir.
La foto que tenía sobre el secreter de aquel verano mágico en Santoña había desaparecido. Si te digo la verdad no recuerdo donde la puse. Seguramente acabó prisionera en mi bolsa de recuerdos y de tanto de no sacarla la olvidé. Se fue difuminando poco a poco, como tú. No la busques. No merece la pena. ¿Qué es una fotografía sino una marca en el camino para no volver a pasar por ella? No la busques que ya no existe.
Deambulas por mi casa, esa que una vez fue nuestra, y lloras en silencio y tus rodillas magulladas soportan el peso de la impotencia de lo que fue, de lo que soñamos y de lo que no vivimos, mentirosos ilusionados de una historia tan bonita como irreal.
Una semana más tarde, paseando tu tristeza por la avenida de la Nostalgia, esquina Desesperación, te topaste de frente con Olga, con Inma, con Mercedes y Laura la Polaca y buscaste suplicante su mirada conciliadora gritando tu reencuentro conmigo, ese choque de trenes apasionados buscando un cariño escondido en fundas de almohadas portadoras de secretos insondables, que nos sirvió de otro hasta la próxima, hasta que la perra vida nos arrastre a otro catre frío y ausente donde busquemos una llama apagada que conforte nuestra soledad. Estás contenta porque me viste, porque nos rozamos con amor, con pasión de pobres, con el deseo del que nunca tuvo nada y de pronto todo lo alcanza...
-Qué lástima de muchacha... Desde que Alvaro murió, no levanta cabeza. Todavía se lo encuentra por las esquinas al pobre borracho. Ha hundido su vida...
-O se la ha dado. Descanse en paz el príncipe de las tabernas.

1 Comments:
Hola, how are you?
Really enjoyed your blog...
Congratulations...
Bye
Kiss
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