
Diez años sin ti. Diez años vertiginosos donde te he echado de menos aunque siempre me he sentido reconfortado con tu presencia. Diez años de luz y oscuridad, de navegar en aguas peligrosas, de ir de un lado a otro buscando un punto de apoyo en el que descansar y esperar a que el temporal amainase. Diez años de clamar en el desierto, de búsqueda incesante de paz aunque lo que encontrase fuera caos, ruido y vidas de paso fulgurante a mi alrededor. Diez años de lágrimas amargas, de llantos mudos y desgarrados, de largas caminatas sin destino con los pies arrastrando el polvo del camino y la mirada perdida en ninguna parte.
Y tras este calvario pertrechado por mi desidia vino la luz engendrada en el vientre de una mujer maravillosa que fue el faro que buscaba en medio de la tempestad. No puedo decir que haya alcanzado el Nirvana pero no es menos cierto que ya no tengo miedo de zozobrar y cuando se avecina riesgo de temporal me agarro a la mirada límpida de mi hijo y vuelvo a pisar suelo firme para continuar el camino que aún hoy desconozco a donde me lleva pero lo disfruto y siento la necesidad de seguir hacia adelante sin echar nunca la vista atrás.
Diez años sin ti, una vida a tu lado...
Te quiero, mamá



